Olvidando al festejado

Por Licda. Ireni A. Sierra Pérez.
La Navidad es una de las celebraciones más esperadas del año. Luces, regalos, comidas especiales, encuentros familiares y música llenan los hogares y las calles. Sin embargo, en medio de tanto ruido y actividad, surge una pregunta necesaria: ¿a quién estamos celebrando realmente?
La Navidad conmemora el nacimiento de Jesucristo, (Esto es lo que muchos dicen, aunque no está registrado en la Biblia que es en diciembre) el acontecimiento que, para millones de creyentes, marcó un antes y un después en la historia de la humanidad. Jesús es el centro, el motivo y el sentido de esta celebración. No obstante, con el paso del tiempo, pareciera que el protagonista ha sido desplazado por el consumismo, la prisa y las tradiciones vacías de contenido espiritual.
Podríamos compararlo con la celebración de un cumpleaños. Cuando se organiza una fiesta de cumpleaños, toda gira en torno al cumpleañero, se le canta, se le dedica tiempo, se le reconoce y se le honra. Sería impensable celebrar una fiesta sin tomar en cuenta a la persona que cumple años. Nadie concibe un cumpleaños donde el homenajeado sea ignorado, ausente o relegado a un segundo plano.
Y, sin embargo, algo parecido ocurre con la Navidad. Se celebra la fecha, pero muchas veces se olvida al festejado, se intercambian regalos, pero se deja fuera el regalo más grande, el mensaje de amor, humildad, servicio y esperanza que Jesús trajo al mundo. Se llenan mesas, pero se olvidan de la reflexión, gratitud y compromiso con el prójimo.
Jesús nació en la sencillez de un pesebre, rodeado de pobreza, pero cargado de un mensaje poderoso, amar al otro, perdonar, servir y vivir con fe. Celebrar la Navidad sin recordar ese mensaje es como cantar “feliz cumpleaños” sin mencionar el nombre del cumpleañero.
El verdadero propósito de la Navidad no está en lo material, sino en lo espiritual. No está en lo que compramos, sino en lo que damos desde el corazón: tiempo, comprensión, solidaridad y amor. Volver a Jesús como centro de la Navidad es devolverle sentido a la celebración, es recordar por qué y para qué celebramos.
Que esta Navidad no sea solo una fecha en el calendario, sino una oportunidad para reencontrarnos con el verdadero festejado. Porque cuando Jesús ocupa el centro, la Navidad deja de ser una simple celebración y se convierte en un acto de fe, esperanza y amor verdadero.



